Para relajarse, Yajaila Ripoll decidió pensar que sus manos
pesaban cada vez menos. Es una técnica que utilizaba cada noche, pero el
resultado siempre era fallido. Acababa durmiéndose casi por hartazgo. Ésta
noche se concentró en la idea de dejar sus manos encerradas en una cámara
hermética calculadora de masa corporal, hasta que ésta le devolviese en
pantalla la cantidad cero o incluso un número negativo. Misteriosamente, lo
consiguió y se durmió.
Esa noche soñó que, desde detrás de la fotografía de su
comunión en el salón de casa de sus padres, una voz repetía sin prisa pero sin
pausa unas palabras en esperanto: Ŝlosita. Kaptita. Muta. Ŝlosita. Kaptita. Muta.